“El Mensajero de Allah (salla Allahu 'alayhi wa Sallam), dijo: “Este mundo es una cárcel para el creyente y un Paraíso para el no creyente”. (Muslim)

"Busqué entre todos mis amigos y no encontré mejor amigo que el que guarda su lengua, pensé sobre la vestimenta y no encontré mejor vestido que la piedad, pensé en todos los tipos de riqueza, pero no encontré mejor satisfacción que en algo pequeño, pensé en todos las clases de buenas obras, y no encontré nada mejor que dar buenos consejos, busqué en todos los tipos de sustentos, y no encontré nada mejor para sustentarme que la paciencia." Umar ibn al Jattab (que Allah este satisfecho de él).

Significado del Mes de Ramadán

Damos gracias a Allah por este día en que Él nos regala la bendición de nuevo día de ayuno. Damos gracias a Allah por todos los dones, las mercedes, los regalos, las bendiciones que Allah derrama sobre nosotros en el mes de Ramadán, para que Allah los asegure a nuestro favor, y nos haga de los que los merecen, los que penetran por la puerta Al-Riián en el Paraíso, que será solamente para los ayunantes.


El mes de Ramadán es el mes de Allah Exaltado, en que aumenta la fe de los creyentes, ella se purifica de sus defectos y comienza a existir en nosotros con mayor fuerza.


Dice el Sagrado Corán: Les aumentaremos fe sobre fe.


Es el mes de la fe, al-imán, en que la seguridad del corazón del creyente se plenifica (la palabra imán proviene del verbo ámana, “estar seguro”, “estar a salvo de las contingencias adversas”).


Dijo el Profeta (salla Allahu 'alayhi wa sallam): " La fe (al-imán) es un secreto entre Allah y Su siervo". Es, entonces, el mes del secreto del alma, cuando el siervo reconoce sus necesidades, su sinceridad, su condición como creyente, siendo que Allah conoce el corazón del siervo y el grado de fe que hay allí. Es el mes en que Allah asegura los grados espirituales para los creyentes, y los que creen en Allah, en Sus Profetas ('alayhim ass-alam), en los Imames, son recompensados grandemente en estas fechas.


Dijo el Profeta (salla Allahu 'alayhi wa sallam): " Este es el mes en que sois huéspedes de Allah".


¿Qué hace uno con su huésped?: Lo recibe cordialmente, lo agasaja con una comida, alterna afectuosamente con él, lo acompaña a la puerta, y lo despide con cariño. El huésped es muy valioso e importante en el Islam, como los huéspedes de Abraham ('alayhi salam) (alusión a 51:24-26). Y somos huéspedes del mejor anfitrión (el que recibe al que viene de visita): Allah.


En este mes Él nos recibe, nos saluda afectuosamente, nos da de Su provisión, y alterna con nosotros con amor. ¿Y qué debemos nosotros hacer cómo huéspedes?: Debemos agradecer profundamente esa hospitalidad y bendecir Al que nos la da. La hospitalidad divina son la vida, el oído, la vista, el corazón, todo lo que Allah nos concedió como bendiciones de Su parte, para nuestro propio beneficio, es el `áql, el intelecto.


Cuando invitamos a desayunar a los ayunantes somos nosotros los representante de la hospitalidad de Allah Exaltado, y lo que nosotros damos en cada ocasión es lo que Él les sirve.


Somos entonces los mayordomos de Allah ante Sus criaturas. Y cuando ofrecemos lo mejor posible Él nos ama y nos confirma, pero cuando mezquinamos Allah nos detesta como Sus representantes. De allí el énfasis que el Profeta (salla Allahu 'alayhi wa sallam) puso incitando a desayunar a los ayunantes, diciendo que esto equivale a haber ayunado tanto como ellos. Y además, la Súnnah del Profeta (salla Allahu 'alayhi wa sallam) ha establecido en este bendito mes que nos visitemos mutuamente, que nos congreguemos con más frecuencia, que recitemos el Sagrado Corán con asiduidad, que nos disculpemos unos a otros las ofensas inferidas, que los que puedan den caridad a los necesitados, etc..


Todos ellos son actos que cumplimos en Nombre de Allah Exaltado, y entonces actuamos como Él actúa, y somos como la Mano de Allah, la Vista de Allah, y el Oído de Allah, exaltado sea sobre todas las cosas.


También dijo el Profeta (salla Allahu 'alayhi wa sallam) de parte de Su Señor: "Todas las buenas obras de los hijos de Adan (la humanidad) les son recompensadas diez veces, o siete veces diez, excepto el ayuno. A Mí me pertenece, y Yo me resarzo con él". Allah dice que Él se recompensa del ser humano, cuando no hay ninguna recompensa posible que éste le pueda ofrecer, pues todo lo que tiene es de Allah, no suyo. Allah se recompensa con lo mismo que Él da, con nuestro esfuerzo y nuestro amor hacia Él en el ayuno, con nuestra fuerza y voluntad de purificación en este mes bendito. Y el que se recompensa de esa manera, con lo mismo que Él da, es de suyo Generosísimo, y no hace más que aumentar lo que ya concedió, porque Le satisface y Le complace dar todo por amor a Sus siervos.


Y así como un constructor, un arquitecto, un ingeniero, o inclusive un artista, cuando ve su obra completa se satisface, así en el mes de Ramadán es como si Allah dijera: "Mi siervo ayuna por Mí, renuncia a todas las cosas del mundo por Mí", y se complace de nosotros, y Su complacencia es amor hacia el siervo. El amor es el grado máximo que nos vincula a Él, exaltado sea, porque el amado por excelencia es Muhammad (salla Allahu 'alayhi wa sallam), y el Sagrado Corán también pide a los musulmanes amar a su Descendencia, con ellos sea la Paz, como el vínculo más grande con Allah.


El ayuno es, por una parte, una devoción secreta e íntima, personal, pues cada uno la cumple con el esfuerzo de cada minuto de su jornada, y es por eso una devoción que aumenta la fe, en la que cada cual se enfrenta consigo mismo, se prueba. Es el momento en que puede demostrar su agradecimiento verdadero a Allah, y con un acto de abstinencia manifestar a Allah que es Su siervo y que Le ama. Es un acto de la voluntad más íntima, del secreto, de la fe, una devoción sincera, porque para ser hipócrita hay que hacer algo exterior, y aquí no hay nada exterior que hacer, hay que abstenerse del mundo, por lo que se está obligado a la sinceridad. Cuando renunciamos al mundo somos sinceros, pero si tenemos que hacer algo externo, inclusive la oración, o una caridad, podemos ser hipócritas. En el ayuno estamos obligados a la sinceridad del corazón, que es lo que más ama Allah ver en Su siervo.


En el ayuno predomina la purificación, que se funda en la fuerte intención del siervo. Predomina la intención, al-níiah, base de todas las obras del hombre. Purificar la níiah es llegar a la Presencia de Allah Exaltado, estar ante Él e inundarse de Su Luz, y entonces nuestros actos serán Luz de Allah. Predomina la intención porque el siervo necesita, durante su jornada de ayuno, cada minuto, confirmar su intención de encontrarse con Allah.


Pero, ¿qué es la níiah?: Es el soplo de Allah, el Sea divino que Él puso en el hombre. Allah ordenó “¡Sea!” y el hombre fue, sopló en Adán ('alayhi as-salam) y en el seno de María (la paz sea con ella también), y fue aquello que fue. Y esa níiah está dentro nuestro, como el Sea de Allah. Cuando el siervo tiene una níiah sálihah, buena, verdadera, correcta, pura, procede con el Sea de Allah, y el siervo purificado dirá "Sea" y es, con el permiso de Allah, como lo hizo Jesús ('alayhi as-salam).


Dijo el Profeta (salla Allahu 'alayhi wa sallam) de parte de su Señor:
"No deja el siervo de acercarse a Mí con los actos meritorios sin que Yo le ame, y cuando le amo soy el oído con que oye, el ojo con que ve, la mano con que actúa, y los pies con que camina. Si él da un paso hacia Mí, Yo doy diez hacia él, si él viene caminando, Yo voy corriendo, si él viene corriendo, Yo voy volando, y los ángeles se prosternan ante él a diestra y siniestra, y cuando quiere algo me lo pide y se lo doy".


Esta es la níiah purificada, el "Sea" del siervo de Allah, de la que proceden las karamát (carismas), las barakat (bendiciones), las mu`yizát (portentos) de los mu'minun (creyentes sinceros), porque han purificado su níiah con Allah. El mes de Ramadán es entonces el de la purificación de la intención, como Alí (P), cuya intención era más fuerte que las montañas, cuya purificación era más grande que la de la luz, cuya fe no se puede comparar con la de nadie, ni antes ni después, exceptuado el Mensajero de Allah Muhammad (salla Allahu 'alayhi wa sallam). Alí es a quien el Sagrado Corán elogia diciendo: Entre los creyentes hay hombres que cumplieron lo pactado con Allah... (33:23).


La níiah o intención es el centro, el eje del mes de Ramadán, y el siervo está en la sinceridad, en el acrecentamiento de su fe, y en la purificación de su níiah durante este bendito mes. Por ello Allah reserva la más grande recompensa para los ayunantes, porque dice la tradición qudsí:


"Dice mi Señor: ‘Todas las obras de Adán son recompensadas por diez, o hasta siete veces diez, excepto la paciencia (el ayuno), ella es para Mí y Yo me resarzo con ella". Es decir, no prometo al siervo ninguna cantidad, ni aun recompensa alguna, porque como Él dice, el ayuno es Su recompensa, no la del siervo. Pero ¿acaso Allah necesita recompensa, que Le acrecienten con algún don, bien o merced?: ¡No necesita nada de eso, ni de ninguna otra cosa! Es como si Él nos dijera "no te prometo nada, ni diez, ni setenta, te daré solamente todo aquello que tú alcances durante el mes de ayuno. Toma lo que quieras del mar de Mi Misericordia, todo cuanto quieras, no hay límite para la recompensa de tu acto de ayuno sino tu propio anhelo de obtener de Mí todo lo que quieras de Mi Bondad, de mi Benevolencia”. Al no prometerle nada le concede todo al ayunante, y esa recompensa solamente la conoce Allah.


Es el mes de la prueba, de la experiencia propia de cada uno, experimentando su propia alma. Allah y Sus ángeles no necesitan de comida y de bebida, y el siervo cuando ayuna los está imitando, y el que imita a Allah intenta el ejemplo más alto, porque Él dice en el Sagrado Corán:


A Él pertenece el ejemplo más elevado
(30:27), y hacia Él asciende la palabra buena (35:10).


Es una prueba que nos hace experimentar nuestra situación antes de nuestro nacimiento y después de nuestra muerte. ¿Quién puede recordar que le pasó antes de su nacimiento?..., es imposible, ¿quién puede decir, excepto basado en las tradiciones veraces del Islam, qué va a experimentar después de su muerte?... El ayuno nos responde: “Existe un medio para ello, ayuna y verás cuál fue tu experiencia antes del nacimiento, cuando tu alma estaba en la Luz de Allah, y todavía no había sido insuflada en tu cuerpo, en el vientre de tu madre. Y eras como un átomo de luz entre la descendencia de Adán ('alayhi as-salam)". Dice una tradición que Allah hizo jurar a la humanidad que Él es su Señor, exaltado sea, entonces sacó de las entrañas de Adán a toda la humanidad por nacer como átomos para que contemplaran la Belleza de Allah. Y les preguntó:


"¿Acaso no soy vuestro Señor?", y todos contestaron: "Por cierto que si lo eres"
(7:172).


Pero el primero que contestó fue Muhammad, el Mensajero de Allah (salla Allahu 'alayhi wa sallam). De ese momento metafísico en que estuvimos en la Presencia de Allah, contemplando Su Realidad, Su Belleza, Sus Luces, solamente tenemos el mejor ejemplo en el ayuno. Dice el Sagrado Corán:


Y sin duda que hemos expuesto para la humanidad en este Corán todo ejemplo
(17:89), y de ese momento metafísico inicial tenemos ejemplo en el ayuno.


Y después de la muerte, cuando el alma ya no puede ni comer ni beber, cuando está limitada al Barzaj o mundo de los muertos, o bien por una Misericordia de Allah, en el Paraíso de los mártires, también tenemos ejemplo en el ayuno, como si Allah Exaltado nos anticipara el Paraíso y nos dijera: “He aquí tu jardín celestial en el ayuno".


Y si el siervo tiene algún defecto que lo aleja del Paraíso, de la Recompensa divina perpetua en la Morada elevadísima, entonces gracias al ayuno Allah le permite superar ese defecto, y le dará una recompensa excelente. Porque todos los bienes del mundo, los vicios, las pasiones, son vanidad, de nada valen, son como un viento que nos roza y pasa raudamente, y nos encontramos de golpe ante Allah, o como dice el Sagrado Corán, y los que son impíos, sus obras son como espejismo en una vastedad, al que el sediento [a punto de morir de sed] imagina agua. Hasta que cuando llega a él no encuentra nada, y halla allí a Allah [muere] y El le hace satisfacer su cuenta, siendo Allah Prestísimo en la cuenta (24:39).


Por fin, el ayuno es la experiencia del Tauhíd. Pensamos en el Tauhíd como si fueran simplemente ideas, una doctrina que podemos exponer teóricamente ¡No!, el Tauhíd verdadero es estar unido a Allah, por eso el Profeta (salla Allahu 'alayhi wa sallam) dijo: "No insultéis a Alí (P) porque Alí está unido al Sí Mismo de Allah”.


Esa unión de Alí (P) con el Sí Mismo divino es el máximo ejemplo de la abstención del ayuno, del ascetismo y la perfección de Alí Ibn Abi Tálib (P), y por eso él simboliza al ayuno en persona.


Este es el Tauhid práctico, el hecho estar unido a Allah, sentir la Mirada de Allah sobre la cabeza, la muráqabah o Vigilancia de Allah, el cuidado de Allah, cada minuto de la vida. Ese Tauhíd se consigue con mayor facilidad durante el mes de ayuno. Dijo el Profeta (salla Allahu 'alayhi wa sallam):
"El ayunante está en permanente devoción aun estando dormido".


Todos los momentos del día es como si estuviera en oración, inclusive cuando se va a dormir, y este es el sentido del Tauhíd verdadero.


Cuando Allah creó al intelecto (al-`aql) le preguntó:
“¿Quién eres tú y Quién soy Yo?”, y el intelecto le respondió:
“Tú eres mi Señor, y yo soy tu siervo fiel”.

Y Allah le ordenó: “¡Retrocede!”,

y luego le ordenó: “¡Aproxímate!”,
“¡Por mi Poder y mi Majestad, no creé nada más amado para Mí que tú, y sólo te perfeccionaré en quienes ame!: Por ti juzgaré, y por ti recompensaré y castigaré”.
y juró Allah:


Y cuando Allah creó al alma le preguntó por dos veces,: “¿Quién eres tú, y Quién soy Yo?”, y el alma respondió: “Yo soy yo, y Tú eres Tú”, y se manifestó separada de su Señor, y cada vez Allah la sometió a la prueba del fuego, durante un ciclo, y a la del ayuno, por otro, para finalmente extraerla de la abstención, y preguntarle por tercera vez: “¿Quién eres tú, y Quién soy Yo?”, y el alma reconoció: “Tú eres mi Señor, y yo soy tu sierva fiel”. (Tradición parcialmente citada en la fuente imamita Al-Kafi de parte del Imam Muhammad Al-Báqir).

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